En Toulon, el rugby no se limita a existir, estructura la ciudad, riega los barrios y alimenta la identidad colectiva. Sin embargo, uno de sus símbolos más poderosos, el estadio Mayol, podría tambalearse. El presidente del Rugby Club Toulonnais, Bernard Lemaître, impulsa ahora abiertamente la idea de un nuevo estadio, un proyecto capaz de redibujar el panorama del club… y el de toda la rada.

Porque detrás del mito, la realidad es brutal. Inaugurado en 1920 y encajonado entre edificios, la universidad y el palacio de congresos, Mayol se ha convertido en un quebradero de cabeza técnico y financiero.

«Mayol tiene su edad. Está completamente desfasado para una explotación moderna«, zanja Bernard Lemaître. Según él, las posibilidades de ampliación son casi inexistentes, es imposible por ejemplo ampliar el recinto sin «tirar el palacio de congresos Neptune o las viviendas de alrededor«.

La ecuación económica del RCT

El núcleo del problema es financiero. En el rugby profesional moderno, el estadio se ha convertido en un motor económico. Pero Mayol limita considerablemente los ingresos del club varés.

«El recinto está limitado a un partido cada quince días«, recuerda Lemaître, a falta de autorizaciones para organizar otros eventos. El resultado es que el RCT se priva cada año de entre 5 y 10 millones de euros de ingresos por hospitalidad, una pérdida decisiva en un campeonato donde los presupuestos se disparan.

En la mente del dirigente, la conclusión es clara. «Hay que ir hacia la construcción de un estadio, es inevitable.«

El proyecto que circula en los círculos del club habla de un recinto moderno de unas 20.000 plazas, instalado potencialmente junto al mar y capaz de acoger conciertos, eventos y hospitalidades durante todo el año.

Una herramienta comparable a las que hoy permiten a las grandes plazas del rugby europeo asegurar sus ingresos.

Sociología del aficionado

La cuestión es, pues, también logística. Ir a Mayol significa a menudo enfrentarse a los aparcamientos saturados del puerto y del centro de la ciudad. Un nuevo estadio, junto al mar o en las afueras, permitiría mejorar los accesos y el aparcamiento.

Pero esta evolución también podría transformar al público. menos aficionados del centro de la ciudad, más familias y espectadores motorizados. Un cambio discreto, pero potencialmente importante para el ambiente toulonés.

Posibilidades limitadas

Para Bernard Lemaître, además, la idea de un nuevo estadio responde a otra lógica económica.

Hoy en día, clubes como el Stade Toulousain o el LOU explotan sus recintos todo el año gracias a los palcos, seminarios y espacios para eventos. En Mayol, estas posibilidades siguen siendo limitadas. El «matchday revenue» está tope, a falta de espacios VIP modulables.

En un Top 14 sometido al salary cap, esos millones de euros que faltan pesan mucho en la competitividad del RCT.

Una ciudad partida en dos

Pero tocar Mayol es tocar un santuario. El estadio no es solo un recinto deportivo, es el corazón palpitante del rugby toulonés. Situado en pleno centro de la ciudad, encarna la historia popular del club y su relación visceral con sus aficionados.

Illustration – Vue générale du Stade Mayol avant le match de Top 14 entre RC Toulon et Montpellier Hérault Rugby, au Stade Mayol. France. Photo : Ewen Photo by Icon Sport.

De ahí un debate político candente en Toulon, de cara a las elecciones municipales. Algunos responsables locales defienden, por el contrario, la renovación del estadio histórico. Para ellos, dejar Mayol supondría romper un vínculo único entre el club y la ciudad.

«Decirles a los toulonenses que pierden Mayol es muy complejo«, advierte así el ex internacional David Gérard, candidato a las municipales en Toulon, consciente del peso simbólico del lugar.

La trampa de un encanto único

Mayol posee una arquitectura que se ha vuelto rara, casi «a la inglesa». Las gradas caen sobre el césped, hasta el punto de que la primera fila parece tocar la línea de banda. Esta cercanía crea una presión única.

Cuando el Pilou-Pilou baja de las gradas Lafontan o Delangre, el clamor envuelve literalmente el terreno de juego. En un estadio moderno de 20.000 plazas, más abierto y aireado, esa resonancia podría diluirse.

Con ella, parte de la ventaja psicológica que durante mucho tiempo ha hecho la fuerza del RCT.

Entre mito y modernidad

Nadie, en el RCT, desea realmente abandonar Mayol. Pero la cuestión va ya más allá de la nostalgia. En un Top 14 cada vez más competitivo, las infraestructuras se han convertido en un arma estratégica.

El dilema es, pues, cruel: preservar un monumento cargado de historia o construir la herramienta económica capaz de asegurar el futuro del club.

El debate no hace más que empezar.