La Corte de Apelación de París confirmó el miércoles la condena de la FFR en el caso del proyecto abandonado del «Grand Stade» en Ris-Orangis (Essonne), lanzado bajo la presidencia del expresidente Pierre Camou. Según la sentencia dictada, la federación deberá pagar 370.299 euros adicionales a Ibelys, el consorcio encargado de construir el estadio, en reparación por la ruptura unilateral del contrato, sin motivo legítimo.
Un estadio de 82.000 localidades
Este proyecto titánico, concebido a principios de la década de 2010, buscaba dotar a la FFR de un estadio de 82.000 localidades, pensado para acoger varios partidos de rugby y diversos eventos culturales. Con un presupuesto estimado de 600 millones de euros, el proyecto debía permitir a la federación liberarse de la dependencia del Stade de France.
Pero ya en enero de 2017, pocos días antes de su llegada a la presidencia, Bernard Laporte decidió romper, de forma «atropellada» según los jueces, el contrato con Ibelys, deteniendo en seco las obras. Esta decisión le había valido una condena inicial en 2022 de 150.000 euros, y ahora esta condena en apelación dictada el pasado 5 de noviembre.
12 millones de euros ya invertidos
La corte de apelación consideró que la FFR no había presentado ninguna causa legítima para esta ruptura, y que este incumplimiento había causado directamente un perjuicio a Ibelys. Resultado: el fiasco del Grand Stade, que nunca llegó a ver la luz, cuesta ahora varios cientos de miles de euros en indemnizaciones, sin contar los más de 12 millones de euros ya invertidos en estudios y los 3,36 millones abonados a las colectividades de Essonne.
Para la FFR, dirigida ahora por un nuevo equipo, esta decisión cierra un capítulo doloroso, al tiempo que subraya la importancia del rigor contractual en los grandes proyectos deportivos. Por su parte, Ibelys obtiene por fin una reparación, modesta en comparación con las ambiciones iniciales, pero simbólica de un proyecto abortado.




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