Detrás de los ensayos y las tarjetas rojas hay una máquina económica que funciona, y funciona bien. El informe anual 2025/2026 de la LNR pone de relieve unas cuentas sólidas, impulsadas por unos derechos audiovisuales estables y unas fases finales en plena forma. Sobre todo, la Liga redistribuye a un nivel nunca alcanzado. Análisis de una temporada que confirma la buena salud financiera del rugby profesional francés.
Ingresos de 185 M€, impulsados por las fases finales
Empecemos por la parte alta de la cuenta. En el ejercicio 2024/2025, los ingresos de la LNR se sitúan en 185 M€, con un aumento de 8 M€, es decir, un +5 % respecto al año anterior. Un crecimiento que no tiene nada de anecdótico en un contexto en el que muchas disciplinas tienen dificultades para aumentar sus ingresos.
¿El motor? Primero, las fases finales de Top 14 y de Pro D2, cuyos ingresos se disparan un 24 %. Después, el marketing (+12 %), señal de que las marcas creen en el producto rugby. Los derechos audiovisuales, por su parte, progresan con más moderación (+2 % respecto a 2023/2024), pero siguen siendo, con diferencia, la primera fuente de ingresos. En detalle, estos derechos pesan 120 M€ (65 % del total), por delante del marketing (28 M€, 17 %), los ingresos de partido (20 M€, 11 %) y el reparto de EPCR.
148 M€ redistribuidos, un récord para los clubes
Ahí es donde el informe sorprende. En el ejercicio, la LNR redistribuyó 148 M€ a todo el ecosistema del rugby francés. La mayor parte, con diferencia, va directamente a los clubes: 127 M€, un nivel histórico, con una subida del 5 % en un año y del 42 % en las últimas diez temporadas. Hace una década, esta partida rondaba los 20 M€. El cambio de escala es espectacular.
El resto de la redistribución se reparte entre 17,6 M€ destinados a los actores del rugby francés (deporte amateur, FFR, sindicatos) y 3 M€ de reembolso del PGE. El saldo financia la organización de las competiciones, las fases finales y el funcionamiento de la Liga.
Solidaridad, mérito, inversión: la clave del reparto
Esos 127 M€ no caen al azar. Se reparten en un 70 % para el Top 14, es decir, 88,6 M€, y en un 30 % para la Pro D2, es decir, 38,3 M€. Dentro de cada campeonato, el reparto se basa en tres principios: la solidaridad, la meritocracia deportiva y el incentivo a la inversión en la formación y en los estadios.
Los porcentajes difieren según la división. En Top 14, la solidaridad pesa un 53 %, la meritocracia un 32 % y las medidas de incentivo un 13 %. En Pro D2, la lógica es aún más solidaria: 63 % para la solidaridad, 12 % para el mérito deportivo y 25 % para el incentivo. Una manera de ayudar a los clubes de la antesala a invertir para crecer, sin ensanchar demasiado rápido las diferencias.
Nuevos patrocinadores para acompañar la subida
La dinámica también se aprecia por el lado de los patrocinadores. En septiembre de 2025, Pennylane se convirtió en Patrocinador Oficial del campeonato, antes de firmar unos meses después para convertirse en Presenting Partner de la Fase Final del Top 14 hasta 2028. El fabricante XPENG, por su parte, se hizo con el estatus de Coche Oficial del Top 14 hasta 2029, apoyándose en una red de concesionarios presente en las catorce ciudades del campeonato.
Por último, In Extenso prolongó cinco temporadas más su naming del Supersevens, hasta 2030/2031. Estas firmas validan la apuesta hecha en otoño de 2024: menos patrocinadores, mejor expuestos, para unos ingresos al alza. Al término de la temporada, el programa del Top 14 estaba al completo.
El verdadero reto está ahora en otra parte. Los derechos audiovisuales pesan por sí solos 120 M€, dos tercios de los ingresos de la Liga. Será su próxima renegociación, mucho más que los contratos de patrocinio, la que dirá si el rugby francés puede seguir presentando unas cuentas así.





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