Una final, sobre todo al otro lado del mundo, no se olvida. Treinta años después, Raphaël Ibanez no ha perdido nada del título de los Bleus universitarios en Sudáfrica, en el verano de 1996. Capitán de aquella generación dorada, convertido hoy en mánager del XV de Francia, vuelve a sumergirse para itsrugby en esta aventura fundacional de cinco semanas en el hemisferio sur, en el cruce entre el amateurismo que se acababa y el profesionalismo que nacía.

RAPHAEL IBANEZ – 31.10.1999 – Nueva Zelanda / Francia – 1/2Final Copa del Mundo 1999 – Foto: Actionplus / Icon Sport

El rugby universitario, «una faceta identificada con orgullo»

El rugby es un deporte de matones practicado por caballeros, pero también hay universitarios. «Los universitarios son una de las facetas de nuestro rugby que podemos identificar con orgullo, porque este rugby universitario ha permitido a muchos jugadores crecer y desarrollarse en un espíritu especial, particular», precisa el actual mánager de los Bleus, en plena preparación de un mes de Nations Cup.

En aquella época, los Bleus universitarios eran el equipo de desarrollo oficial de la federación, un papel que hoy desempeña France A, igual que lo fueron los Barbarians. La epopeya de aquel equipo de Francia U de 1996 movilizaba a jugadores cuyas raíces habían crecido en el rugby amateur y que se desarrollaban en un rugby que se había vuelto Open (profesional) en 1995.

En el cruce entre el amateurismo y el profesionalismo, aquel equipo permitía a los jugadores estudiantes avanzar en un camino de alto nivel. La generación «Ibanez» se benefició de este dispositivo.

1996, Sudáfrica y cinco semanas en el hemisferio sur

La Copa del Mundo de 1996 en Sudáfrica fue totalmente inédita para todo el grupo, o al menos para una gran parte: una aventura de cinco semanas en el hemisferio sur, un momento excepcional para aquellos jóvenes jugadores.

«Tengo que volver a sumergirme en esa competición, porque hace 30 años, ¡nada menos! Tuvimos que enfrentarnos a Inglaterra, Argentina y los All Blacks, creo, para llegar a la final, que se jugó contra los locales, Sudáfrica, en el Ellis Park de Johannesburgo», recuerda el capitán.

«Casi todo el grupo hizo carrera después. La federación había apostado de verdad por este equipo para permitir a todos los jugadores que formaban parte de él desarrollarse, crecer, siendo conscientes además de que había un fuerte reto de competición.»

«Ser campeones del mundo»: la ambición de una generación

«Ese grupo era extremadamente ambicioso, con una idea en la cabeza: ser campeones del mundo. Era nuestra primera motivación y la primera ambición de nuestro cuerpo técnico, encabezado por Christian Lanta, que había sabido moldear este equipo, preparado para esta competición en el hemisferio sur», retoma Ibanez.

«Y es verdad, muchos jugadores se revelaron en el escalón superior, con la gran selección francesa: David Aucagne, Nicolas Brusque, Serge Betsen, Olivier Brouzet, Richard Castel, Yannick Bru… y muchos más.»

Una generación enorme, y un recuerdo enorme, grato de evocar para el capitán convertido en mánager de los Bleus: «Recuerdos fantásticos, recuerdos estupendos, me da gusto hablar de ello.»

Francia – Sudáfrica, una historia de reencuentros

Época marcada y curiosos encuentros estos Francia – Sudáfrica: semifinal del Mundial 1995 perdida bajo el diluvio de Durban, victoria en Johannesburgo de Francia U en la final un año después, y lo que vino después.

«La final de 1996 se juega en el Ellis Park, un estadio mítico, ante los Springboks, que evidentemente quieren imponer su juego, su potencia. Y nos imponemos», cuenta Ibanez. «Al año siguiente, en noviembre del 97, ese mismo equipo de Francia universitaria se enfrenta esta vez a los Springboks, campeones del mundo en ese momento, de gira por Europa. Los jugamos en Lille y, otra vez, ¡les ganamos!»

La revancha, unos días después, no afecta a los universitarios sino a los Bleus, aplastados 52-10 en el Parc des Princes. Ese partido marca el final de una generación (Lacroix, Cabannes, Merle…) y la llegada de una nueva, ilustrada por el único ensayo francés, marcado por el joven talonador suplente de entonces: Raphaël Ibanez.

Pioneros entre el amateurismo y el profesionalismo

La generación Francia U 96 afronta entonces el reto de las exigencias de la competición, con también un deber de formación: chicos bien preparados para la vida adulta de deportista de alto nivel. Unos exploradores, un poco pioneros, nacidos con los pies y las manos en el amateurismo que se acababa, pero con los tacos en el profesionalismo emergente.

«Esta nueva etapa fue un poco el New Deal del rugby, una nueva realidad del rugby profesional, pero con una gran parte de incertidumbre, una gran parte de lo desconocido, que podíamos compensar con una verdadera despreocupación», confirma Ibanez.

Betsen, Bourgarel, Blanco: el orgullo y la sombra del apartheid

Y además hubo recuerdos más fuertes que otros. Roger Bourgarel, para siempre el primero, Serge Blanco, y por último Serge Betsen ante los Boks, dos años después del fin de la abominación del apartheid…

«Johannesburgo, el Ellis Park, los Springboks, la final de 1996. Serge marca, y viene seguido de una «bronca» enorme en el estadio, lo que me hizo pensar durante el partido que el fin del apartheid no llegaría mañana… Eso nos marcó mucho», concluye Ibanez. «Estábamos tan orgullosos de tener a Serge con nosotros, y además marca en la final. Un guion perfecto.»