La decisión, aprobada ampliamente por la Federación inglesa (RFU), transforma el panorama del rugby profesional al otro lado del Canal. A partir de ahora, el acceso a la élite ya no dependerá únicamente de los resultados deportivos, sino de un conjunto de criterios que incluyen la solidez financiera, las infraestructuras, la estrategia comercial y el desarrollo del rugby, especialmente el femenino.

Este cambio marca el abandono de un principio fundador del deporte europeo en general. En su lugar, un modelo de liga cerrada, cercano a las franquicias norteamericanas, donde los clubes son seleccionados y asegurados a largo plazo para ofrecer más estabilidad a los inversores y a los patrocinadores.

De 10 a 12 clubes

El objetivo declarado es, por tanto, salvar un rugby inglés debilitado por quiebras sonadas, como las de Worcester, Wasps o London Irish en los últimos años. La nueva estructura debe permitir atraer capital, tranquilizar a los propietarios y construir un campeonato más sólido a largo plazo.

Compuesta actualmente por diez clubes, la Premiership prevé ampliarse progresivamente a doce equipos de cara a 2029-2030, con la ambición de extender aún más este modelo en el futuro. Para los dirigentes, esta reforma es un paso obligado. El sistema anterior, basado únicamente en el mérito deportivo, no garantizaba ni la estabilidad financiera ni el crecimiento del rugby profesional, según la federación.

Pero este giro estratégico también genera interrogantes. La desaparición del descenso elimina parte del suspense y pone en duda el ideal de igualdad de oportunidades, pilar histórico del rugby. Aunque este funcionamiento ya es cosa habitual en el Hemisferio Sur.

Una cosa está clara: al elegir la seguridad antes que el riesgo, el rugby inglés cambia de filosofía. Y quizá de destino.