Lo sabemos, nuestras palabras generarán debate, y mejor así. No ha habido ninguna revolución espectacular en este anuncio, a pesar de tres grandes ausencias sacrificadas en el altar de la novedad, a saber, Fickou, Penaud y Alldritt. Nada menos, ¡eso sí! Sin embargo, al leer con atención la primera lista de los 42 jugadores que van a preparar el Torneo, algo ha cambiado. O más bien, algo se ha afirmado. Fabien Galthié continúa su obra, pero endurece sus contornos. La Francia versión 2026 no reniega de su talento, pero quizá lo encuadra. Musculariza su juego, densifica sus perfiles, su línea de conducta, y parece mirar hacia el modelo de Sudáfrica… ¿Por qué?

La primera señal está en los números. No es opinión unánime, pero nunca el fondo de armario de delanteros ha parecido tan denso, tan homogéneo, tan atlético. Sobre todo en tercera línea. Y eso a pesar de la falta de forma de algunos, o las lesiones de otros. Pilares potentes y móviles, forjados al más alto nivel, segundas líneas a la vez pesados y móviles, terceras líneas (¡qué fondo de armario, por favor!) capaces de repetir los contactos y las recuperaciones sin perder eficacia. La prioridad es clara: ganar la línea de ventaja, desgastar al rival, imponer un ritmo físico. Como Sudáfrica sabe hacer tan bien, Francia quiere dominar primero delante para luego enviar la caballería por detrás. La base del rugby, en cierto modo. Y, al final, poco de nuevo en el plan Galthié.

Una historia de inspiración

Esta elección confirma no obstante que el cuerpo técnico de los Bleus no ha renunciado a la brillantez, pero sí da una respuesta al rugby moderno. Los Springboks han marcado el camino: una conquista asegurada, una defensa asfixiante, un juego de pie quirúrgico y la capacidad de decidir un partido por detalles. Galthié y su equipo lo han entendido, pensamos. ¿Por qué no inspirarse en ello, entonces? En esta lista, casi cada posición cuenta con un duplicado de perfil similar. La competencia es frontal, asumida, pero deja entrever una forma de continuidad. Salvo quizá en la apertura, donde los perfiles de Ntamack y Jalibert son diametralmente opuestos.

Esta orientación se encuentra también en la gestión de la línea de tres cuartos. Perfiles menos puramente creativos, más jugadores completos, sólidos bajo los balones altos y en el impacto, capaces de defender fuerte en el centro del campo y de garantizar el juego sin florituras con una velocidad vertiginosa. De Kolbe a LBB, de Arandse a Attissogbe, de Kriel a Deporterre, de De Allende a Moefana… Los perfiles son relativamente parecidos. Ahí también, la inspiración es sudafricana, ¿no?

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La ecuación es sencilla: asegurar antes de acelerar, controlar antes de liberar. Todo ello con un juego de pie tan (si no más) eficaz que el de Sudáfrica. Queda el aspecto táctico, que sigue siendo el arma letal de los Springboks… y que tanto daño le hizo al XV de Francia este mismo otoño. En este punto, los hombres de Galthié han cambiado varias veces de estilo de juego. Una polivalencia en sí misma, aunque el modelo elegido no siempre se corresponda con el rival. Queda que, si miramos a corto plazo y en concreto el partido contra Irlanda, el juego «a la sudafricana» es una opción, una opción real. Un esquema que Francia ya utilizó en Dublín, el año pasado precisamente, con un resultado de lo más satisfactorio.

Cultura de la exigencia

Aun así, reducir a esta selección francesa a una simple copia de los Springboks sería un error. Intentar la comparación, y la provocación, quizá sea también uno. La diferencia está en la riqueza técnica de los jugadores franceses. Incluso en un marco más restringido, el talento aflora. La capacidad de hacer vivir el balón, de crear en los espacios más reducidos que sean, sigue intacta. Simplemente, ahora se expresa en un marco más estricto, más metódico. El caos ya no se busca, quizá se provoca.

El XV de Francia parece sentado en un trono, puesto que sigue siendo el vigente campeón, de estabilidad, pero también de afirmación. Las grandes promesas deben convertirse ya en títulos. El Torneo de las Seis Naciones ya no es un laboratorio, sino un objetivo inmediato. Entonces sí, es la misma música desde hace ya varios años. Al ampliar su grupo a 42 jugadores, Galthié prepara tanto el presente como el futuro, cultiva una cultura de la exigencia y de la rotación controlada, a imagen de las grandes selecciones dominantes.

Nuestra opinión: Francia avanza, pues, sólida, segura de sus fuerzas, dispuesta a aceptar partidos duros, cerrados, a veces ingratos. Una Francia que sabe ganar de otra manera, de forma distinta. Una Francia que, sin renegar de su identidad, acepta por fin hablar el idioma universal del rugby que gana: el de la potencia, la disciplina, la presión y la eficacia. A la sudafricana, sí. Pero con acento azul. ¿Habrá entrado Rassie Erasmus definitivamente en la cabeza de nuestro Fabien Galthié?

El XV de Francia que vemos empezando bien contra Irlanda:

  1. Baille, 2. Marchand, 3. Atonio ; 4. Guillard, 5. Meafou ; 6. Cros, 8. Jelonch, 7. Boudehent ; 9. Dupont (cap), 10. Jalibert ; 11. LBB, 12. Moefana, 13. Deporterre, 14. Attissogbe, 15. Ramos.

Finalizadores : 16. Mauvaka, 17. Gros, 18. Tatafu, 19. Ollivon, 20. Jegou, 21. Matiu, 22. Serin, 23. Gourgues