Durante más de veinte años, Italia vivió en la sombra. Invitada permanente del Torneo de las Seis Naciones desde 2000, la Nazionale encarnó durante mucho tiempo el papel ingrato de sexto hombre, valiente pero condenado a sufrir. Sin embargo, desde hace dos temporadas, algo ha cambiado. Los Azzurri ya no vienen a aprender, vienen a competir. Y a veces a ganar. Esta transformación no es un milagro. Es el resultado de un trabajo profundo, paciente y estratégico.
Una revolución estructural iniciada en la sombra
El primer punto de inflexión se remonta a 2016, cuando la federación italiana decide reestructurar por completo su sistema de formación. La llegada de Conor O’Shea, acompañado del especialista en desarrollo Stephen Aboud, marca un cambio de filosofía. Ya no se trataba solo de seleccionar a los mejores, sino de formar mejor y antes. «Había que construir unos cimientos sólidos. Sin eso, ningún resultado duradero es posible, confesó durante mucho tiempo el primero. El reto no era ganar un partido. El reto era cambiar el sistema.»
El objetivo es, por tanto, crear una identidad de juego y producir jugadores capaces de competir física y tácticamente con las mejores naciones. Las academias se refuerzan, los jóvenes se integran antes en trayectorias de alto nivel y el seguimiento se centraliza. Este trabajo de fondo tarda varios años en dar sus frutos. Pero cambia progresivamente el perfil del jugador italiano: más completo, más rápido, más adaptable.
El papel clave de las franquicias y la exposición internacional
Otra palanca determinante es la integración de las franquicias italianas en competiciones internacionales como el Pro12 (convertido en United Rugby Championship). Esta exposición regular a equipos irlandeses, galeses o sudafricanos eleva considerablemente el nivel de exigencia.
Gonzalo Quesada a évoqué à notre micro l'importance de la culture italienne dans la progression de sa sélection. pic.twitter.com/4iCGoJYaMG
— RUGBYRAMA (@RugbyramaFR) February 17, 2026
Los jugadores italianos ya no descubren la intensidad a nivel internacional. Están acostumbrados a ella cada semana. Y rinden incluso en sus respectivos clubes, hasta el punto de atraer la mirada de los mayores gigantes europeos. Resultado: la brecha física y táctica se ha reducido.
Una nueva generación sin complejos
La generación actual encarna esta mutación. Liderada por el capitán Michele Lamaro, no ha crecido con el complejo de inferioridad que pesaba sobre sus predecesores. Estos jugadores vencieron a Gales en Cardiff en 2022, poniendo fin a una racha negra de 36 derrotas en el Torneo, un éxito fundacional que cambió la percepción del grupo. Lamaro, precisamente: «Ya estábamos cansados de que se hablara de nosotros como del último equipo del Torneo. La victoria en Gales cambió algo en nosotros. Comprendimos que no era imposible. Ya no queremos ser valientes. Queremos ser eficaces. Este equipo ya no duda tanto como antes. Trabajamos para ganar, no para limitar los daños.«
Desde entonces, Italia encadena actuaciones sólidas: victoria contra Australia en 2022, empate ante Francia y éxito ante Escocia en 2024, confirmación de una progresión constante. El equipo ya no es una víctima señalada. Se ha convertido en un adversario creíble.
Gonzalo Quesada, el acelerador de madurez
El nombramiento de Gonzalo Quesada como seleccionador se inscribe en esta continuidad. El técnico argentino ha aportado rigor, claridad táctica y exigencia mental. Bajo su dirección, Italia juega con más acierto. El juego de pie está mejor controlado, la defensa más estructurada y la gestión de los momentos de debilidad es más madura.
Los Azzurri ya no juegan solo con el corazón. Juegan con método. Qué decir de la conquista, verdadera arma de destrucción de la Squadra. Que le pregunten al mejor pilar derecho del mundo (¿todavía ahora?), Tadgh Furlong, doblado en dos en la melé el pasado fin de semana. No, de verdad, Italia es sólida y seria.
??? El Efecto Gonzalo Quesada es más que real.
— ScrumRugby (@ScrumESPN) February 10, 2026
??? Repasá cómo le fue a Italia en el Seis Naciones desde que el argentino asumió como entrenador.
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Una evolución mental decisiva
Quizá sea ahí donde reside la mayor transformación. Durante mucho tiempo, Italia jugaba para evitar la humillación. Hoy juega para ganar. Este cambio psicológico tardó cierto tiempo en corregirse, pero es visible en el comportamiento: menos precipitación, más control, más confianza. También menos «miedo a ganar», a «hacerlo mal».
En cifras, el símbolo es contundente: Italia alcanzó el octavo puesto en el ranking mundial en 2024, su mejor clasificación histórica. Ya no es un aspirante ocasional. Es una nación en construcción.
El fin de un estatus, el comienzo de una ambición
Italia todavía no es una potencia mayor. Sigue siendo irregular, aún en busca de constancia. Pero ha cambiado de dimensión. Posee ahora un sistema de formación estructurado, jugadores expuestos al más alto nivel, una identidad de juego clara y, sobre todo, una generación ambiciosa.
Posee hoy una convicción nueva: la de pertenecer plenamente a la élite. La Squadra Azzurra ya no es una invitada. Se ha convertido en una competidora. El Torneo de las Seis Naciones ha cambiado. Italia también.




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