Antes de recibir al XV de Francia el sábado en Tokio, Japón disputó un partido «en casa»… en Australia. Esta anomalía, símbolo de un calendario mal diseñado, es solo la parte visible de un problema más amplio. Al sumar los kilómetros recorridos por las doce naciones participantes este verano, se obtiene una brecha vertiginosa: los equipos del hemisferio norte y Fiyi cruzan el planeta mientras los grandes anfitriones del sur apenas salen de su país.
El partido de Japón en Newcastle, el síntoma
El principio del torneo establece que cada nación recibe y se desplaza. Salvo que algunos equipos no pueden acoger partidos. Es el caso de Fiyi, lo que obliga a sus rivales a extraños rodeos. Y es también lo que llevó a Japón a jugar su segunda «recepción», frente a Irlanda, en Newcastle, en Australia, antes de volver a Tokio para enfrentarse a Francia.
La razón se encuentra en el total de kilómetros de Irlanda. Partiendo de Dublín, los hombres del XV del Trébol llegaron a Sídney, luego a Newcastle, antes de Auckland y el regreso a Irlanda: un periplo de 37.657 kilómetros. Si ese mismo partido se hubiera jugado en Tokio, el itinerario irlandés habría subido a más de 52.000 kilómetros, es decir, 14.410 más. Para evitar que Irlanda viajara mucho más que nadie, fue por tanto Japón quien tomó el avión.
Dos costes muy diferentes
Hemos reconstruido el itinerario completo de las doce selecciones a lo largo de las tres jornadas de julio, y después calculado las distancias en línea recta. Sobre todo, hemos separado dos cosas: el viaje de ida y vuelta (llegar a la zona de competición y después regresar) y los desplazamientos durante la competición (los trayectos entre partidos). Dos realidades muy distintas.
| Nación | Ida y vuelta | En competición | Total | Desfase máx. |
|---|---|---|---|---|
| Inglaterra | 19.871 | 20.128 | 39.999 | 4 h |
| Francia | 28.777 | 9.665 | 38.442 | 10 h |
| Italia | 23.195 | 14.532 | 37.727 | 10 h |
| Irlanda | 35.399 | 2.258 | 37.657 | 11 h |
| Fiyi | 32.115 | 497 | 32.611 | 11 h |
| Gales | 9.640 | 20.342 | 29.982 | 4 h |
| Escocia | 11.293 | 18.329 | 29.623 | 4 h |
| Japón | 0 | 15.458 | 15.458 | 1 h |
| Australia | 3.291 | 4.338 | 7.629 | 2 h |
| Argentina | 1.598 | 997 | 2.596 | 0 h |
| Nueva Zelanda | 761 | 796 | 1.557 | 0 h |
| Sudáfrica | 498 | 583 | 1.081 | 0 h |
Championnat des Nations, été 2026
Les trajets des 12 sélections — de 1 081 à 40 000 km
- Angleterre 39 999 km 1 en casa Londres → Johannesburg → Liverpool → Santiago del Estero → Londres
- France 38 442 km 0 en casa Paris → Christchurch → Brisbane → Tokyo → Paris
- Italie 37 727 km 0 en casa Rome → Tokyo → Wellington → Perth → Rome
- Irlande 37 657 km 0 en casa Dublin → Sydney → Newcastle → Auckland → Dublin
- Fidji 32 611 km 0 en casa Suva → Cardiff → Liverpool → Édimbourg → Suva
- Galles 29 982 km 1 en casa Cardiff → San Juan → Durban → Cardiff
- Écosse 29 623 km 1 en casa Édimbourg → Córdoba → Pretoria → Édimbourg
- Japon 15 458 km 2 en casa Tokyo → Newcastle → Tokyo
- Australie 7 629 km 3 en casa Sydney → Brisbane → Perth → Sydney
- Argentine 2 596 km 3 en casa Buenos Aires → Córdoba → San Juan → Santiago del Estero → Buenos Aires
- Nouvelle-Zélande 1 557 km 3 en casa Auckland → Christchurch → Wellington → Auckland
- Afrique du Sud 1 081 km 3 en casa Johannesburg → Pretoria → Durban → Johannesburg
El viaje de ida y vuelta: el precio de la geografía
Es el coste sufrido, casi incompresible. Irlanda (35.399 km), Fiyi (32.115 km), Francia (28.777 km) e Italia (23.195 km) pagan muy caro el simple hecho de llegar al otro extremo del mundo. Ese viaje no es nada inocuo a nivel de rendimiento: llegar tras una distancia así ya supone una fatiga de fondo y una fase de aclimatación al calor y a la humedad antes incluso de preparar el primer partido. En sentido contrario, los grandes anfitriones del sur apenas pagan nada: ya están en casa. El caso de Fiyi es el más injusto: obligados a disputar sus tres «recepciones» en Europa, asumen el desplazamiento de una nación del norte sin jugar nunca ante su público.
La doble pena del desfase horario
El kilometraje, sin embargo, no lo dice todo. Al viajar de norte a sur, Inglaterra recorre más kilómetros que nadie (casi 40.000, prácticamente una vuelta al mundo) pero sufre solo cuatro horas de desfase horario: Sudáfrica y Argentina se sitúan casi en el mismo meridiano que Londres. Al contrario, Francia, Italia, Irlanda y Fiyi acumulan de diez a once horas de desfase, además de la distancia. Para estas cuatro naciones es una doble pena: a la fatiga física del viaje se suma la desincronización del reloj biológico, mucho más lenta de absorber.
Ojo, no obstante, a no explicarlo todo por el cansancio. Segunda mayor viajera del torneo, Francia corrigió a Australia 42-26. El kilometraje pesa en la preparación, pero no decide el resultado.
Los desplazamientos en competición: el precio del calendario
Esta columna es la más revelante, porque es la que la organización podría corregir. Aquí son Gales (20.342 km), Inglaterra (20.128 km) y Escocia (18.329 km) quienes más se mueven una vez arrancado el torneo. La razón es siempre la misma: un partido en casa encajado entre dos desplazamientos a otros continentes. Inglaterra es el ejemplo caricaturesco, con un regreso a Liverpool entre Johannesburgo y Santiago del Estero. Japón, por su parte, concentra todo su kilometraje (15.458 km) en su desvío hacia Newcastle, en pleno centro de su competición.
Este transporte repetido tiene un coste concreto: cada vuelo resta recuperación y tiempo de la semana de preparación que debería dedicarse al siguiente rival. En sentido contrario, Irlanda (2.258 km) y Fiyi (497 km) agruparon sus partidos en una misma zona: una vez allí, apenas se mueven y preservan su preparación. Con un total casi idéntico, dos giras no desgastan por tanto de la misma manera.
Los grandes anfitriones del sur no se mueven
Queda la primera enseñanza, en bruto: Sudáfrica (1.081 km), Nueva Zelanda (1.557 km) y Argentina (2.596 km) se limitan a desplazamientos internos, sin desfase horario. Australia, que debe viajar a Perth, se queda en 7.629 kilómetros. La diferencia con Inglaterra alcanza una proporción de treinta y siete.
El coste humano
Estos kilómetros tienen primero un precio para el organismo. El Championship de Naciones llega al final de temporada, tras diez meses y medio de competición para los internacionales más exigidos. Pedirles que encadenen tres tests en el otro extremo del mundo, con hasta diez u once horas de desfase horario para algunos, equivale a añadir carga en el peor momento. La doble pena mencionada antes no es solo una estadística: sueño alterado, recuperación incompleta, mayor exposición a la lesión en semanas ya cargadas. Un problema de bienestar de los jugadores que estos datos de desplazamiento hacen, por una vez, visible.
Detrás de estas medias por nación hay trayectorias individuales. De los 42 Bleus llevados al hemisferio sur, siete no jugaron ni un minuto de los tres partidos: Emilien Gailleton, Temo Matiu, Esteban Capilla, Boris Palu, Théo Forner, Mathis Ferté y Auguste Cadot. Víctimas de la competencia y de la estabilidad defendida por el cuerpo técnico a un año del Mundial, aun así recorrieron cerca de 39.000 kilómetros para quedarse en el banquillo o en la grada. La dura ley de la élite.
El coste ecológico
Queda, por último, la huella de carbono. Entre las doce, las selecciones recorrieron cerca de 274.000 kilómetros solo en el mes de julio, casi siete vueltas al mundo. Para un jugador del XV de Francia, el viaje de ida y vuelta pesa por sí solo entre 5 y 6 toneladas de CO2, casi tres veces el presupuesto de carbono anual considerado sostenible para una persona (unas dos toneladas). Sumando las delegaciones completas, solo el apartado de transporte del torneo se cifra en miles de toneladas de CO2. Un orden de magnitud que interpela, en un momento en que el deporte profesional está obligado a reducir su impacto.
Un formato por reinventar
El Championship de Naciones acumula, por tanto, varios costes: una desigualdad geográfica difícil de borrar, una desigualdad de calendario evitable, pero también una factura humana y ecológica que nadie puede ignorar. Nada obliga, por ejemplo, a intercalar un partido en casa en medio de una gira al otro extremo del mundo. Y la cuenta no es solo deportiva: privado de su cartel en Tokio, el partido deslocalizado de Japón reunió solo a 11.000 espectadores en el McDonald Jones Stadium de Newcastle, un recinto de casi 30.000 localidades lleno apenas a un tercio. Atractivo sobre el papel, el torneo repartido en cinco continentes sigue tropezando con esta equidad imposible de encontrar. Material para la reflexión antes de las próximas ediciones.
Metodología: distancias ortodrómicas (en línea recta) calculadas sobre el itinerario real de cada equipo en julio, desde el país de salida hasta el regreso. El desfase horario corresponde a la diferencia máxima, en horas, entre la ciudad base y el destino más lejano. La huella de carbono es una estimación, calculada sobre la base de unos 0,15 kg de CO2 por pasajero-kilómetro en avión, sin contar los efectos de altitud que la aumentarían aún más. El caso de Fiyi se estima desde Suva: dado que buena parte de la plantilla juega en Europa, no todo el grupo viajó necesariamente desde el archipiélago.





Comentarios